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AÑO 1903 - RESCATE DE LA TRIPULACIÓN DEL BUQUE SUECO “ANTARCTIC” EN LA ANTARTIDA POR PARTE DE LA CORBETA “URUGUAY” DE LA ARMADA ARGENTINA.

 

“Imposible poder describir nuestra alegría cuando la Uruguay, el 11 de noviembre a las 4 de la mañana, nos despertaba con sus silbatos. En el primer momento no queríamos creer que fuese verdad que había llegado la hora de la liberación, pero saltamos de nuestros lechos y al ver con los ojos la Uruguay en frente de nuestra choza, no pudimos menos de gritar ¡Viva la Argentina! Desde ese momento parécenos la Argentina como nuestra segunda patria, pues gracias a ella hemos podido volver al mundo y gozar de los beneficios de una vida civilizada. Por eso creo que no puedo concluir mejor estas pocas palabras si no es repitiendo de todo corazón:

¡Viva la Argentina!”

Carlos Scotsberg.

A mediados de 1903 cundió la inquietud por el destino de la expedición al Polo Sur del sabio sueco Otto Nordenskjöld. El buque "Antartic" no había regresado. En él estaba también el alférez de fragata argentino José María Sobral. El gobierno nacional decidió enviar a la "Uruguay", al mando del Teniente de Navío Julián Irízar.

Los prestigiosos Talleres Navales de Dársena Norte fueron, en 1903, los encargados de preparar a la Uruguay para sobrellevar la proeza antártica. A tal efecto fue especialmente transformada y acondicionada para el evento. Las modificaciones tuvieron lugar durante los meses de agosto y septiembre. Fue cambiada la maquinaria horizontal por la del destroyer Santa Fe, vertical de triple expansión. También se reemplazó la caldera por una de menor consumo. Se acrecentó la capacidad de las carboneras. Se agregaron mamparos estancos; algunos locales fueron forrados con viruta de corcho para beneficio aislante. Se reforzó la roda y el fondo; fueron retiradas las quillas de rolido. Se agregó un castillete a proa y una caseta a popa. La arboladura fue modificada con aparejo de barca. Se agregaron embarcaciones menores a su cubierta.

Entretanto, fue seleccionada la tripulación para el periplo antártico. El Teniente de Navío Julián Irízar fue elegido para comandar la operación. Como al momento de su designación cumplía funciones de Agregado Naval en Londres, tuvo oportunidad de contactar a distintas sociedades geográficas europeas que brindaron su asesoramiento para la compra de elementos de uso polar.

La Plana Mayor de la Uruguay fue integrada por el Teniente de Fragata Ricardo Hermelo, como Segundo Comandante; el Alférez de Navío Jorge Yalour como oficial de derrota. También fueron designados el Alférez de Navío Felipe Fliess, el ingeniero maquinista de 1ra. Juan López de Bertodano, el ingeniero maquinista de 3ra. Gualterio Carminatti y el cirujano de 2da. José Gorrochategui. El Alférez de Navío Alberto Chandler Boonen de la Marina chilena fue invitado a participar de la expedición argentina de rescate.

La corbeta Uruguay estuvo lista en los finales de septiembre y sus pañoles fueron debidamente pertrechados con víveres y materiales suficientes como para un centenar de hombres por 24 meses. El ministro de Marina Contraalmirante Onofre Betbeder dio instrucciones precisas al Comandante Irízar acerca de la dificultosa misión que la Uruguay debía cumplir. El país acompañó con expectación el momento de la zarpada. La misión encarada por la Uruguay y su tripulación no reconocía precedentes en la historia del país... Un buque de la Marina de Guerra Argentina llevaba el pabellón nacional a hondear con los vientos de las latitudes antárticas.

El presidente Julio A. Roca despidió al buque aquel 8 de octubre de 1903. Tras la partida, la perspectiva por los resultados de la misión quedó reflejada en diarios y publicaciones de la época. Con decidido rumbo sur, llegaron el día 16 a la isla Año Nuevo donde se encontraba el Observatorio Argentino, y el 20 al puerto de Ushuaia. De acuerdo con las instrucciones recibidas, Irízar esperó allí el eventual arribo de la misión de rescate sueca o de la francesa a bordo del Frithjof y del Le Français respectivamente. Sin novedades, la Uruguay zarpó en la madrugada del 1 de noviembre. Definitivamente estaban en camino.

Pronto el horizonte antártico desplegó su magnificencia y estampa desafiante. A primera hora del día 5, la Uruguay alcanzó las inmediaciones de la isla 25 de Mayo del grupo de las Shetland. Cruzaron el Mar de la Flota y los hielos condicionaron la navegación obligando a la Uruguay a tomar rumbo Este. El 6 rodearon la isla Joinville y retomaron rumbo Suroeste en busca de aguas libres de hielo. Alcanzaron las cercanías de la isla Paulet y luego los de la isla Cockburn.

En lucha franca con el hielo, la Uruguay avanzó hasta la isla Seymour (Marambio) en cuyas inmediaciones fondearon. El Alférez Fliess y el cirujano Gorrochategui desembarcaron para realizar un recorrido de reconocimiento. Allí encontraron la estaca dejada por el Jason en 1899 con el agregado de Sobral y Andersson realizado unos pocos días antes durante octubre de 1903.

La Uruguay avanzó a vista de costa Este de dicha isla y luego con marcado rumbo Sur. En horas de la madrugada del día 8 de noviembre divisaron una tienda sobre la costa. Irízar y Yalour desembarcaron y allí tuvo lugar el encuentro con dos integrantes de la expedición sueca, Bodman y Akerlundh, que como ya señalamos, habían llegado a la isla en la búsqueda de fauna que sirviera de alimento al desafortunado grupo expedicionario.

La conmoción invadió el alma de esos hombres y de los oficiales de la Uruguay. Se inició así el devenir de una historia solidaria que hermanó al pueblo sueco y argentino en una gesta de sempiterna memoria. El Teniente Hermelo asumió el mando de la Uruguay en tanto Irízar, Yalour, Bodman y Akerlundh se dirigieron hacia isla Cerro Nevado. Durante seis horas de exigida caminata intercambiaron novedades y especulaciones sobre la suerte del Antarctic.

Los hombres en la estación invernal salieron al maravilloso encuentro dominados por un sentimiento ambiguo de sorpresa, admiración y nostalgia al ver concretado el anhelado auxilio. El hecho dejaría huellas imborrables en todos los protagonistas de esta historia. Las sergas de la Uruguay enmarcaban los colores patrios en lo alto de su arboladura. Para el Alférez Sobral, la circunstancia era doblemente emotiva por ser un buque argentino el que irrumpía al socorro y por tratarse del que fuera su buque-escuela cuando cadete. Irízar y Nordenskjöld conciliaron sobre la urgencia en encontrar la tripulación del Antarctic, del que no se tenían noticias desde el 29 de diciembre de 1902 en que había dejado a Andersson, Duse y Grunden en bahía Esperanza.

A última hora de la tarde, Irízar y Yalour regresaron a la Uruguay llevando consigo al Teniente Duse. Todo estaba listo para el embarque de los expedicionarios. Mientras tanto en la estación invernal se alistaban instrumentos y colecciones de fósiles en un clima de algarabía y entusiasmo por el deseado regreso. Sobre las 22.00 tuvo lugar un acontecimiento que una vez más conmovió el alma de aquellos hombres. El Capitán Larsen arribó a la estación invernal acompañado por seis hombres del Antarctic. Tras quince días de esforzado periplo llegaban desde isla Paulet, en la que habían sobrevivido desde el hundimiento del buque. Las próvidas circunstancias facilitaban la misión de rescate.

Durante la noche, Sobral fue a recoger un instrumento de registro magnético que días antes había emplazado sobre la costa de la isla Seymour (Marambio). Fue ésa, una íntima oportunidad en que Sobral estableció su última comunión con el paisaje antártico. La Uruguay fondeó en las cercanías de isla Cerro Nevado durante la madrugada del 9 y allí permaneció durante el día sin poder realizar ninguna maniobra de embarque a causa del mal tiempo.

Antes de embarcar en la corbeta, Sobral y Nordenskjöld recorrieron por última vez las inmediaciones de la estación invernal durante la mañana del día 10. La zarpada se produjo a las 16.00 y la Uruguay puso proa hacia isla Seymour (Marambio) en la que embarcaron cajas con colecciones científicas allí emplazadas durante los recorridos de la expedición sueca. Durante la madrugada del 11 llegaron a isla Paulet donde recogieron al resto de la tripulación del Antarctic, cuyo alborozo inundó la cubierta del buque argentino.

Sin embargo, allí en Paulet quedaban los restos mortales del marinero Ole Wenneesgaard, fallecido de una dolencia cardiorespiratoria durante el crudo invierno de 1903. Horas más tarde, la Uruguay fondeó en la zona de bahía Esperanza, lugar en el que también embarcaron cajas con fósiles coleccionados por Andersson durante su permanencia en la región. La corbeta emprendió decisivamente la vuelta, llevando a bordo y de regreso a casa un total de 28 personas socorridas.

El 22 de noviembre por la tarde llegaron al Puerto de Santa Cruz y desde allí fue transmitida telegráficamente la noticia con la buena nueva. La corbeta argentina traía a bordo a los miembros de la expedición sueca y a la tripulación del Antarctic. En pocas horas el mundo entero se sobrecogió ante el suceso.

La corbeta Uruguay regresó al puerto de Buenos Aires el 2 de diciembre de 1903, donde fue recibida por más de cien mil personas que aplaudieron su histórica hazaña.

 

 

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